Todo tiene un comienzo y el mío en el mundo de la escultura es bastante claro:
Estaba mirando fotos en Google y me topé con un tutorial clarísimo que explicaba todo el proceso de creación de una figura en Sculpey (no sé cómo descubrí que existía ese material).

Mi marido (por entonces novio), me vio curiosear y, como no le gusta que me pase el día ociosa, me compró una pastilla de Sculpey para que fuera yo quien hiciera ese tipo de cosas.
Cuando recibí el regalo me hizo mucha ilusión pero empecé a ver tutoriales en Internet sobre el tema y me acojoné bastante.
No sabía qué figura hacer para que fuera sencillo y no acabara metida en un berenjenal.
Como buena friki, mi primera figura fue el Tentáculo Morado de la segunda parte del videojuego Maniac Mansion titulado Day of the Tentacle.
No sé por qué siempre tengo al Tentáculo Morado como figura recurrente teniendo en cuenta que mi preferido era el Tentáculo Verde.
El caso es que me hice la plantilla, mi novio me hizo una peana, me ayudó con el esqueleto de alambre de la figura y comencé a darle forma.

Cuando la tenía terminada, la metimos en el horno, pasaron unos minutos, corté el horno saqué la figura y ¡listo!

¿Listo? Muy lista que fui… Sólo puedo decir que el Tentáculo Morado fue mi primera víctima (de muchas); la pobre se resquebrajó por todos lados pero no tengo ninguna foto de calidad que lo atestigüe y, guardé tan bien la figura, que no sé dónde está.
A raíz de esta figura aprendí que, una vez terminado el tiempo de horneado, hay que dejar la pieza dentro del horno hasta que se enfríe. Así que esta entrada sin quererlo, ha sido mi primer consejo sobre sculpey:
“Meter la figura sin precalentar el horno y, una vez concluido el tiempo, no sacarla hasta que enfríe”

Y eso es todo. A partir de ahí, con cada nueva figura, fui aprendiendo un poco más. ¿Y tú?
¿Cuáles fueron tus inicios en el mundo del crafting?
